viernes, 25 de septiembre de 2009

Fomenta la inteligencia de tu perro jugando


Todo el mundo sabe que hay que ejercitar a los perros físicamente, pero nos olvidamos de su inteligencia, su memoria y su determinación. Los perros tienen la necesidad instintiva de adaptarse al medio en el que viven, esto puede resultar estresante sino están preparados psicológicamente y sus habilidades de adaptabilidad, memoria y capacidad de reacción no están desarrolladas. Por medio de varios juegos lograremos que nuestro perro ejercite su mente y se divierta. Con estos ejercicios conseguiremos, además, que nuestro perro, ya sea adulto o cachorro, aumente su capacidad para resolver problemas. Lo primero que tenemos que tener en cuenta a la hora de jugar con nuestro perro, es que sea cual sea el juego, nosotros estamos al mando, somos quien decidimos cuando empieza y cuando termina. Uno de los ejercicios que fomentan su habilidad mental es “la carrera de obstáculos”. Esta prueba ayuda al perro a resolver los problemas que le surjan y lo motiva para conseguir el premio. La carrera de obstáculosPodemos tumbar dos sillas en el suelo y colocarlas juntas, formando una barrera. Dejaremos el premio en el lado contrario al que esté el animal, mientras él nos mira. Cuando esté todo listo, dejaremos que el perro resuelva como llegar al premio. En vez de dos sillas, podemos poner cualquier aparato o mueble que permita al perro rodearlo, pasar por debajo o por encima. Podemos complicar el ejercicio añadiendo obstáculos, cronometrando al perro para que cada vez sea más rápido o diciéndole mediante órdenes que camino debe de seguir. Con este tipo de pruebas conseguimos aumentar la determinación de nuestro amigo. Asimismo, con este tipo de juegos/ejercicios, podremos comprobar la capacidad de nuestro perro para deportes como el Agility. El escondite Esconderemos un premio detrás de algún mueble, mientras el perro nos mira. Después sacaremos al perro de la habitación y le dejaremos entrar unos 30 segundos después. Nuestro perro deberá recordar el lugar en el que hemos escondido su premio y encontrarlo. El tiempo de espera fuera de la habitación puede variar. El objetivo de este juego es ejercitar la memoria de nuestro perro a la vez que nos divertimos. El trileroEste juego lo realizaremos con la ayuda de tres cubiletes lo suficientemente grandes para que nuestro perro los pueda agarrar con la boca, pero no se los pueda tragar. Empezaremos con un solo cubilete e iremos incorporando el resto a medida que nuestro perro acierte. Mientras nuestro perro nos está mirando, colocaremos un premio (bacon, salchichas…) debajo del cubo. Luego dejaremos que él vaya y lo descubra. Este juego aumenta la capacidad de resolver problemas, así como la determinación. Es importante que recordemos que no debemos enfadarnos porque nuestro perro tarde más en hacer un ejercicio o no lo consiga. Posiblemente no sea un buen momento para realizar estos ejercicios. Debemos encontrar el momento oportuno, en el que él esté atento y haya descargado algo de energía física, pero que no este agotado. No es aconsejable realizar estos juegos justo después de que nuestro perro haya comido, ya que no mostrará interés por los premios. Asimismo, debemos terminar cada uno de estos ejercicios con alabanzas y buenas palabras, para que nuestro amigo los relacione con algo divertido y bueno para él. Seguro que este tipo de pruebas estimulan a nuestro perro y nos ayudan a seguir aprendiendo junto a él. (Cualquier juguete que utilicemos debe tener un tamaño suficiente para que nuestro perro no se lo pueda tragar y esté a salvo de ahogamientos)

lunes, 13 de julio de 2009

Adiestrar al perro para que no muerda tus cosas

Existen varios motivos por los que nuestro perro muerde nuestros objetos más preciados; la ansiedad, el aburrimiento, el dolor de encías o la hiperactividad son los más frecuentes.Si tenemos un cachorro de entre tres y seis meses podemos entender este comportamiento como algo normal, ya que lo más seguro es que les duelan las encías porque le están saliendo los dientes. Para evitar que se acostumbre a morder nuestras cosas es recomendable que le compremos juguetes que pueda morder, huesos, pelotas… Antes de darles cualquier objeto debemos asegurarnos que no sea tóxico ni perjudicial para su salud y que tenga un tamaño adecuado para evitar ahogamientos. Los juguetes que pitan suelen ser sus preferidos, pero pueden volvernos locos. Nunca debemos darle zapatos viejos o cosas nuestras, ya que nuestro perro no diferenciará un zapato viejo de uno nuevo. Si elegimos los huesos naturales para que nuestro perro se desahogue, debemos tener en cuenta que no sean de pollo, ya que pueden astillarse. Los huesos de jamón son los más recomendables siempre que tengan un tamaño adecuado.Si a pesar de sus juguetes nuestro perro prefiere los objetos de nuestra casa debemos vigilarlo a todas horas para poder reprenderle en el instante que intente mordisquear algo. Si encontramos a nuestro perro mordiendo, por ejemplo la pata de un sofá, debemos ser firmes y contundentes, un fuerte NO le dirá que lo que hace no está bien, seguidamente lo apartaremos de ese lugar y le daremos su juguete para que lo muerda. Esto debe ser suficiente para que nuestro perro no vuelva a morderlo, pero hay que ser constantes, la mayoría no lo aprenderán a la primera. No debemos desanimarnos ni reprenderlo con castigos físicos. Los periódicos enrollados no son un buen método de aprendizaje.Normalmente, nos encontramos que nuestro perro ha mordido muchas cosas cuando nosotros no estábamos en casa, si vemos que ha mordido algo pero no lo hemos pillado infraganti, es inútil y absurdo regañarle o castigarlo por ello. A pesar de los desastres que pueden llegar a causar, los muebles carísimos que pueden romper o los valiosísimos objetos que pueden destrozar, no debemos perder los nervios, los castigos físicos lo único que consiguen es convertir a nuestro amigo en un animal asustadizo. Lo más eficaz para evitar que nuestro cachorro muerda todo cuando no estamos, es dejarlo en una habitación vacía o con cosas que no pueda morder y destrozar, este es el mejor método, pero antes de encerrar a nuestro amigo, es preferible que le demos un gran paseo o que haga algo de ejercicio, así conseguiremos que durante el tiempo que esté en esa habitación no lo tome como un castigo, sino como un descanso. Cuando nosotros estemos en casa, debemos dejarlo que juegue y examine todos los rincones, pero siempre bajo nuestra supervisión, un descuido puede ser el momento perfecto para que un perro rompa todo lo que haya a su alcance. Debemos anticiparnos y cuando simplemente este oliendo la pata de la mesa o un zapato, avisarle con un fuerte NO que eso no lo puede hacer.En el caso de que nuestro perro tenga más de un año, el comportamiento de morder todo lo que haya a la vista es un problema. Podemos achacar esta conducta a la falta de ejercicio, al aburrimiento y a la ansiedad. Si dejamos a nuestro perro demasiado tiempo sólo es muy posible que debido al aburrimiento, empiece a morder todo lo que tenga a su alcance. Cuando un perro está aburrido es capaz de todo. En este caso, lo único que podemos hacer es ejercitarlo antes de dejarlo varias horas sólo. Un paseo de cinco minutos para que haga sus necesidades no es suficiente para gastar la energía sobrante de un perro. Si queremos evitar que emplee esa energía destrozando nuestra casa, debemos cansarlo y pasear media hora mínimo antes de irnos. Cambiar la rutina de un perro no es fácil, requiere mucho tiempo y dedicación, pero no es imposible. Para estos casos, aunque nuestro perro sea adulto, podemos dejarle juguetes o huesos para que se entretenga.Si nuestro perro, a pesar de dar largos y agotadores paseos, sigue destrozándonos la casa debemos considerar la opción de que sufra ansiedad o algún otro problema más grave. Los perros de avanzada edad pueden sufrir un trastorno llamado Síndrome de Disfunción Cognitiva, es una enfermedad similar al Alzheimer en los humanos. Esta enfermedad afecta entre otras muchas cosas a la capacidad de aprendizaje del perro y a su memoria. Para tratar estas enfermedades es recomendable acudir al veterinario de confianza.

viernes, 3 de julio de 2009

Fotos











La importancia de una buena alimentación

La salud de nuestros perros, al igual que ocurre con los seres humanos, depende en gran medida del tipo de alimentación que tengan. Con una alimentación rica en nutrientes y moderada en grasas, conseguiremos mejorar la vida de nuestra mascota. La mayoría de las personas prefieren dar a su perro alimentos industriales especiales para la nuestros amigos. Este tipo de comida, ya sea deshidratada o en lata, contiene todo lo necesario para la correcta alimentación de nuestras mascotas. Si nos decantamos por piensos secos, debemos tener en cuenta la calidad de estos, es preferible y recomendable que siempre sean de gama alta. Este tipo de alimento ayuda a mantener la dentadura del animal limpia y libre de sarro, además los piensos secos suelen tener una composición más equilibrada. A la hora de elegir uno, debemos tener en cuenta la edad de nuestro perro, la raza y sus necesidades. Hay una gran cantidad de variedades para cubrir las necesidades especificas de todo tipo de perros, hay para razas grandes, pequeñas, medianas, para perros activos o que realizan poco ejercicio; dependiendo de la edad también existen diferentes tipos, e incluso hay específicos para cada raza. Debido a su variedad y a la gran aceptación de este tipo de comida para perros, la relación calidad/precio es mucho mejor que con otros alimentos. Asimismo, tendremos más facilidad para encontrarla en supermercados, tiendas y almacenes; y es la forma más limpia de alimentar a nuestro animal. En cuanto a la comida húmeda o enlatada, tiene menos nutrientes ya que está compuesta por un 80% de agua. Es un alimento más caro que el anterior y esta pensado para perros pequeños que necesitan poca cantidad de comida. Además, tenemos que tener cuidado si este alimento va a estar en el exterior, ya que podría atraer bichos o descomponerse, esto puede suponer un peligro para la salud de nuestra mascota. A pesar de los inconvenientes de esta variedad, a nuestro perro le gustará mucho más. Una posibilidad es mezclar el pienso seco con la comida húmeda, con esto conseguiremos proteger la dentadura de nuestro perro y hacerle su comida más apetitosa. Si elegimos esta opción, también deberemos tener cuidado con el tiempo que le dejamos el plato de comida al animal, para evitar como ya hemos dicho, su putrefacción. Hay muchas personas que a pesar de la comodidad de la comida industrial, prefieren prepararla ellos mismos. Para esta opción debemos tener en cuenta varios factores:
Lo primero que tenemos que decidir es si la comida que le vamos a dar es cruda o cocinada. En cualquiera de los dos casos, no nos podemos limitar a alimentar a nuestro perro a base de carne, cocinada o no. No debemos preocuparnos por las bacterias de la carne o los huesos crudos (siempre que estén en buen estado), ya que el estomago de los perros está preparado para digerirlos perfectamente. Pero si queremos evitar posibles problemas digestivos, podemos escaldar la carne echándole agua hirviendo por encima, cocerla o congelarla unos quince días para eliminar gérmenes y bacterias.
Si nos comprometemos a preparar nosotros mismos la comida, debemos aportar todos los nutrientes y vitaminas necesarios para que la dieta de nuestro animal sea lo más sana y completa posible. La alimentación debe contener verduras y frutas (alrededor de un 10% del total diario), carne, pescado, vísceras (son muy importantes ya que tienen un gran aporte nutricional, pero debemos cocinarlas muy bien) y otros complementos como vitaminas y calcio (siempre con supervisión veterinaria y teniendo en cuenta las cantidades que suministramos).
Asimismo, debemos tener en cuenta que no todos los alimentos son recomendables para nuestro amigo. Los huesos de pollo, por ejemplo, se pueden astillar clavándose en la garganta del animal y provocándole heridas o posibles ahogamientos (cualquier hueso cocinado corre el peligro de astillarse, es preferible darle huesos crudos).
Los productos lácteos pueden producir problemas gastrointestinales a los perros, jóvenes o adultos. A pesar de ser una gran fuente de calcio, fósforo, proteínas y vitaminas; la leche, los yogures y otros lácteos, contienen un tipo de azúcar (la lactosa), que es difícil de digerir para los perros.
El chocolate es tóxico en grandes cantidades. A pesar de su buen sabor y de que seguramente a nuestro perro le encante, el chocolate contiene una sustancia llamada una teobromina. Dicha sustancia puede producir vómitos, diarrea, taquicardia, temblores musculares, hiperactividad… incluso puede llegar a ser mortal para el animal.
No podemos olvidarnos que cada perro es un mundo, y cada uno necesita una alimentación acorde a sus necesidades. Además, no podemos darle la misma alimentación a un cachorro que a un adulto. También, debemos tener en cuenta que si decidimos cambiar la alimentación de nuestro perro, lo haremos de forma gradual, así evitaremos posibles problemas estomacales.

¿Como elegir un perro?

Todos los perritos son adorables y nos enternecen, pero a la hora de escoger uno, debemos fijarnos en muchas más cosas que su en dulce mirada y su preciosa carita. No es recomendable adquirir un cachorro de menos de seis o siete semanas, ya que aún no es autosuficiente y necesita que su madre lo termine de sociabilizar y de formarle un buen carácter para que podamos tener un cachorro feliz. Para esta elección, debemos tener claras nuestras preferencias sobre el sexo, el tamaño, la raza, el tipo de pelaje, las funciones que va a realizar a nuestro lado... En cuanto al sexo de nuestro futuro perro, tanto machos como hembras tienen sus pros y sus contras:
Los machos pueden ser más dominantes e independientes, además necesitan orinar para marcar su territorio.
Las hembras tienen el celo cada seis meses de media (depende de cada raza, los caniches, por ejemplo, tienen el celo cada 250 días aproximadamente), y corremos el riesgo de embarazos no deseados o embarazos psicológicos.
Según nuestras necesidades, nuestro modo de vida y el espacio en el que vivimos, elegiremos el tamaño, la raza y el pelaje del cachorro. No es recomendable, por ejemplo, comprar un mastín para un piso pequeño. Si a pesar de esto seguimos queriendo un perro grande, debemos responsabilizarnos de darle la cantidad de ejercicio que requiere su raza y cubrir sus necesidades. Asimismo, si somos personas poco activas o nos gusta una vida tranquila y calmada, no deberíamos elegir una raza de perros cazadores, muy activos o Terrier, ya que podríamos llegar a volvernos locos. Una vez decidido todo esto, lo primero que hay que hacer, es ver dónde podemos conseguir un cachorro que se adapte a nosotros. Es recomendable visitar varios criaderos o tiendas, hasta encontrar el adecuado y comprobar que es un sitio limpio y con buenas instalaciones para los animales. Asimismo, debemos ir a ver la camada, para decidir cual de los cachorros será nuestro fiel compañero. Una vez allí, comprobaremos que no tienen problemas de salud: no tosen, no tienen descamaciones en la piel, ni malformaciones. Es bueno comprobar sus reacciones ante diferentes estímulos, si damos palmadas se giran, si nos acercamos vienen a vernos y a curiosear, o si corremos nos siguen. No debemos elegir a un cachorro tímido o apartado del grupo, aunque nos de pena, ya que puede darnos problemas por ser inseguro, miedoso, tímido y convertirse, al final, en un perro agresivo. Tampoco debemos elegir al más activo de la manada, podría llegar a ser un perro dominante e hiperactivo, y en un futuro nos daría problemas. Si vemos un perrito que nos gusta más que el resto, lo apartaremos del grupo para comprobar que es el adecuado. Físicamente debemos fijarnos sus ojos, para que no tengan mucosas y sean brillantes; sus orejas, deben estar limpias y rosadas; los dientes blancos; sus encías, rosadas y fuertes; su pelaje limpio y brillante (el pelo de los cachorros suele ser mas opaco y suave que el de los adultos). Respecto a la complexión del perrito, debe tener unas patas firmes y paralelas a las demás (algunas razas no cumplen esta premisa, por ejemplo los Bulldog), para las razas grandes, tenemos que fijarnos en que las patas delanteras sean de un buen tamaño. En la mayoría de las razas, el rabo tiene que ser recto y no curvarse para ningún lado. La barriga no debe estar distendida, salvo si acaba de comer, ya que esto podría significar que tiene parásitos. En el caso de los machos, también debemos comprobar que tiene los dos testículos. Asimismo, dependiendo de la raza que elijamos, tendremos que tener diferentes consideraciones, por ejemplo, los Dálmatas tienen tendencia a la sordera y los Pastores Alemanes o los Labradores a la displasia de codos y cadera. Si tenemos la posibilidad, es conveniente ver a los padres, su tamaño, forma física, aspecto y su salud. Esto nos ayudará a predecir como podría ser nuestro cachorrito el día de mañana. Si escogemos un cachorro con pedigree, debemos asegurarnos de llevar todos los papeles que lo certifican, o en su lugar, enterarnos de los trámites a seguir para inscribirlo. Una vez elegido el cachorro, lo llevaremos nuestro veterinario de confianza para que le haga un análisis exhaustivo, revise sus vacunas y le ponga el chip en caso de que no lo lleve puesto.